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El teatro nos salvará

Si te dedicas al teatro, estoy seguro que mas de una vez te habrás enfrentado a una de las preguntas más temibles: ¿Que utilidad real tiene el teatro? ¿Sirve para algo más que para el goce estético? ¿O es un entrenimiento caro y vacuo?

La respuesta es no. El teatro no solo es importante. Es esencial para mejorar esta sociedad en la que estamos viviendo. Y si te interesa el tema, te invito a que sigas leyendo para que entiendas porqué creo que el teatro nos va a salvar.

¿Conoces esos preciosos faros situados cerca de los acantilados y que gracias a su luz sirven como guía y referencia de los barcos que están en el mar? Pues la conciencia humana funciona exactamente igual. Podemos ver con meridiana claridad todo aquello que sucede enfrente, mientras permanece en la más absoluta oscuridad aquello que sucede detrás de nosotr@s.

Siempre el lugar más oscuro de un faro, es el que permanece justo detrás de la bombilla.

Sigamos…

Guardo como oro en paño una conversación entre dos dramaturgos, el gaditano José Manuel mora y el gran Juan Mayorga que supuso para mi un punto de inflexión. En esa conversación hay ideas o frases que me parecen oro en paño, pero solo una frase concreta generó todo un revuelo en mi interior: «El teatro debe hacernos reconocer al fascista que llevamos dentro, al torturador, al violento y eso es políticamente útil y relevante. Sin embargo, si el teatro lo único que te presenta es una empatía con la víctima de todo eso se produce un deslizamiento inoperante.· (Link a la entrevista.) La metáfora del faro sigue vigente.

La historia de la narración, desde los mesopotámicos hasta la última película estrenada ayer en los cines, tienen siempre un punto en común: El viaje del héroe. O del mártir. El personaje al que le pasan las cosas malas e intenta luchar contra ellas y vencer.

Antígona contra Creonte, David contra Golliat, Medea contra Jasón, Hamlet contra el Rey de Dinamarca, Luke Skywalker contra Darth Vader, Harry Potter contra Voldemort. La tradición es amplia. Porque si hay algo que nos gusta a las personas, son los cuentos de buenos y malos. Porque necesitamos identificarnos con los personajes de las historias para crecer, y puestos a hacerlo, mejor hacerlo con los buenos. ¿No?

Que las historias SIEMPRE se cuenten desde el punto de vista del héroe o de la víctima, tienen un efecto curioso. Y es que como en el faro, seamos incapaces de ver qué le estamos haciendo nosotros a los demás. Como de activa es nuestra parte que afecta a los hechos.

¿Conoces mucha gente que sea capaz de reconocer sus errores cuando estos hacen daño a los demás? Yo conozco a muy pocas personas, apenas cuatro o cinco que son capaces de hacer eso. El resto solo saben decir siempre que el culpable de todo es el otro.

 

EJEMPLO 1

Hay un episodio de Black Mirror que me parece una autentica obra de arte. Creo que se llama «Himno nacional», en el cual una princesa es secuestrada. La única y delirante forma que tienen de que esta sea devuelta con vida, es que el primer ministro aparezca sodomizando a un cerdo por televisión en horario de máxima audiencia.  Y tu preguntarás, ¿y cual es la genialidad de un argumento así?

Dividida en dos bloques, en el segundo es cuando se realiza el famoso video de la sodomización animal transmitida por todas las cadenas con el siguiente resultado: Las calles están completamente vacias, porque todo el mundo esta video como un ministro penetra a un animal.

Lo fundamental del episodio no es la trama, no es el secuestro ni el video del cerdo, es la reaccion de la gente. Y es que la sociedad entera asiste morbosa a ver el sufrimiento de un ser humano que realiza algo vergonzoso a su pesar. En vez de apagar la tele, el video resulta ser de máxima audiencia.

Como decía Juan Mayorga, ¿qué sociedad avanza si sus integrantes siempre se ven como los héroes o las víctimas, pero jamás como los verdugos?

Ejemplo 2

Hace tres años se estreno la mundialmente famosa y polémica «Por trece razones» que ahondaba en el acoso escolar. En ella, una adolescente llamada Hannah Baker, enviaba trece cintas a las trece personas que pudiendo haberla ayudado, la empujaron al suicidio con el que comienza la serie. Lo sorprendente de todo esto es que cada uno de ellos se asusta al darse cuenta que sus acciones empujaron a una persona hacia un callejón sin salida. Todos vamos por la vida creyéndonos las Hannah Baker de todas las salsas, la superheroina de toda la narración, sin darnos cuenta que a lo mejor, solo a lo mejor, hemos sido el verdugo y no la victima.

 

«El tamaño de tu ego se puede medir por cómo manejas los errores que cometen los demás»
(David Fischman)

EJEMPLO 3

«Funny games» podría ser una película de terror cualquiera. Podrias ser la versión europea de «La Matanza de Texas», «Henry, retrato de un asesino», «Asesinos natos», etc.

¿El argumento? Dos chicos rubios, de aparente clase alta, y educación modélica, torturan durante un fin de semana a un matrimonio, su hijo y su perro. ¿Razón? Ni económica, ni social, nada. Solo el placer de hacer sufrir a otro ser humano.

El mazazo viene cuando a mitad de película, el protagonista mira a cámara y dice «Eh, tú, espectador. Disfruta de lo que está sucediendo. Esto es lo que tú estás deseando que pase».

Ya no es Saw, ya no es La noche de la Purga, ya no es una película donde disfrutar del dolor ajeno, de la violencia contemporánea. Funny Games es una obra de arte precisamente por esta frase, por esta forma magistral de hacernos responsables de la violencia de la pantalla.

Sin público que lo disfruta, no habría violencia en muchas situaciones de la vida (peleas de colegio, instituto, barrio, trabajo, etc). El problema no son los que se pelean, el problema está en quien lo consume.

La vida real...

El ser humano tiene una facilidad asombrosa para señalar al otro, pero totalmente incapaz de saber hacia donde señala su sombra. Somos lo mejores arreglándose la vida a nuestros amigos, diciéndole al otro como comportarse, viendo a leguas cuales son los fallos que comenten los demás. Todas estas tareas de ver la paja en el ojo ajeno y no percibir la viga en el propio es la que tiene a un planeta condenado a su propia destrucción.

Ese es el verdadero problema que subyace detrás de todos los problemas del mundo: Culparte a ti para liberarme yo. Enroscarme en mis razones. Dar

Y EL TEATRO…

En 1996 se estrenó en Nueva York una obra llamada «Seis grados de separación» que hablaba sobre la capacidad que tiene el ser humano de fagocitar la experiencia y a los seres humanos para así frivolizar y poder convertirlo en un chiste. Stockard Channing, la actriz protagonista, dijo que hacer esta obra supuso un auténtico aprendizaje vital, porque ella se había descubierto como persona en el personaje que interpretaba.

Para eso sirve el teatro, para aprender a ponernos en los zapatos del otro. Porque si el ser humano fuese capaz de poder sentir el dolor del otro, muchísimas cosas no sucederian.

 

En «Powder» hay una escena brillante. En un momento de la peli, un grupo de hombres mata a un ciervo solo por el placer de matar. El personaje protagonista, un muchacho que tiene poderes especiales, acaricia al ciervo moribundo mientras agarra por sorpresa la mano del cazador, que acto seguido empieza a sentir toda la agonía dolorosa del animal. 

Pasa de ser psicopático a empático, y se da cuenta que no va a poder cazar más, porque ha entendido el dolor del animal cazado.

 

El teatro nos salvará

Si te dedicas al teatro, estoy seguro que mas de una vez te habrás enfrentado a una de las preguntas más temibles: ¿Que utilidad real tiene el teatro? ¿Sirve para algo más que para el goce estético? ¿O es un entrenimiento caro y vacuo?

Proveedor del curso: Organization

Poética de la dignidad rota

Hay personas que crean, y personas que repiten el camino que ya abrieron otros. Hay personas que miran donde no miró nadie y personas que se empeñan en llamar a la puerta que llama todo el mundo. Los primeros serán probablemente los que perduren en el noble pero duro camino del teatro. Los segundos, como no tengan mucha suerte, es probable que acaben desapareciendo. Selu Nieto y Esther Alonso pertenecen al primer grupo, el de los creadores.

Mientras muchos compañeros de generación se arruinaban haciendo mil cursos inservibles con agentes de casting, estos dos señores se reunía para investigar sobre una forma de entender la poética teatral. Frente a un teatro hiperestético, de actores y actrices guapos, donde se busca recrear seres bellos y heroicos, Teatro a la Plancha encontró su honestidad en los perdedores, con seres desdentados, malolientes, desheredados, sucios. Un montaje como «Los perros» parido a partir de mucha investigación, no albergaba en si mismo ni un solo atisbo de glamour o embellecimiento.

Y sin embargo, esa «fealdad» es la que más me ha enamorado a mi personalmente de su trabajo, la gran capacidad de devolverle la dignidad y belleza a todas aquellos seres. Como en un Chejov magnifico, vemos como las pequeñas almas también tienen derecho a la esperanza. Y esta capacidad de tratar con dignidad es honesta, sincera. No es un mero discurso populista, ni teatro-formula, ni siquiera corresponde a una decisión meramente estética (como el esperpento) Uno puede crear desde muchos lados, y Teatro a la Plancha crea desde un gran amor al ser humano.

Ayer pude asistir a un ensayo general de «Dolores», el ultimo montaje de Esther Alonso y Selu Nieto (Teatro a la Plancha)y pude constatar (de nuevo) el talento tan enorme que hay en estos dos grandes creadores. Un montaje que funciona como una metralleta, con miles de ideas y hallazgos por minuto, con un sentido del humor apabullante, y que sin embargo, no se queda en la superficie de la risa, si no que ahonda. A nivel argumental avanza como una flecha hacia el fin, evitando que se vuelva pesada o aburrida.

«Dolores» además consigue envolverte en un halo tierno y mágico desde el principio, y tiene todo tan bien urdido, que no te suelta hasta que cae el telón. Y durante el camino no puedes dejar de mirar con mucha ternura a esta Pepi y este Pepe, esta pareja artística que tocó los cielos pasados y que ahora se conforma con consumirse en el olvido, mientras los pocos sueños que quedan, van desapareciendo. Un viaje de más de una hora por la relación de pareja, por el amor al teatro y sobre todo por el amor a los sueños. Que una obra con tanta luz se llame «Dolores», no deja de ser irónico.

Quiero hacer mención especial a Esther Alonso, la mitad de la compañía, por la enorme dificultad que tiene su trabajo. Un personaje así sería casi un esperpento pasado de rosca en muchos actores, pero no en Esther. Ella compone un personaje precioso, un ser profundamente apasionado y profundamente dolido, alguien que aspira a la luz y se deshace en la oscuridad. Una interpretación capaz de hacerte reír a carcajadas, para acto seguido ser capaz de helarte la sonrisa. Un personaje lírico, poético, y a la vez muy cómico. SI el mundo fuese justo, Esther debería estar nominada a los premios de interpretación del próximo año, incluidos los nacionales.

Entrevista: http://www.escenariosdesevilla.org/la-ultima-boquea/

Video-entrevista: https://www.youtube.com/watch?v=x0omEvDOgQs

El buen profesor de teatro

Ahora que llega septiembre, muchos futuros actores y actrices deciden comenzar su formación artística y para ello, ansían encontrarse al mejor maestro posible. Alguien que desde su vasta experiencia les pueda guiar y les de las mejores alas para volar en este difícil y cambiante mundo de las artes escénicas y visuales. Porque ell@s saben, igual que tú y yo, que mal maestro es como un mal médico, el mal que puede generar es terrible.

Llevo estudiando y aprendiendo en academias, centros formativos, etc. desde que tengo uso de razón, y como maestro de actores llevo trabajando más de 10 años. Eso me da una visión muy amplia de qué cosas ayudan y cuales perjudican al alumno. Porque lo he vivido como estudiante que sentía poco apoyado por el profesor, en muchos momentos, y también he visto cuando he fallado (la he cagado) con alguien por la razón que sea. Y eso me ha ido refinando el olfato pedagógico cada vez más, hasta formarme un criterio creo que muy valido para mi propio trabajo de actor como cuando soy docente. Este criterio lo he basado en cuatro puntos fundamentales, cuatro pilares sin los cuales la calidad del profesor siempre empieza a cojear.

A continuación te los expongo:

 

Tiene buena escucha

Es la primera cualidad que considero esencial, imprescindible para un buen profesor. El gran mérito de la enseñanza SIEMPRE se asienta en la relación profesor-alumno, una relación donde el alumno se siente visto, escuchado y valorado. Si esto no se da, si el profesor se coloca en el centro de todo el proceso de aprendizaje, el alumno se sentirá excluido y dejará de mostrar interés.  Un gran maestro habla poco y escucha mucho, pone el foco en el alumno, en lo que puede aprender de él. Si en cambio se dedicara a soltar la teoría y ni se fija en la reacción de los alumnos, habrá demostrado que lo que le importa no es el proceso de aprendizaje, si no que los demás solo se dediquen a prestar atención. Lo que viene siendo «adorar al ego».

Está en activo como artista

Esto es fácil. Un profesor de interpretación tiene que actuar o dirigir actores, no hay otra. Stanislavsky fue actor y director, Straberg fue actor y director, Sanford Meisner fue actor y director, Utah Hagen fue actriz, Stella Adler, fue actriz.
¿Por qué crees que todos los grandes maestros fueron actores? Porque practicaban lo que enseñaban. Porque sabían lo que podía servir y lo que impedía el trabajo.

Os pongo un ejemplo. ¿Quien puede enseñar a un novato a manejarse en un rodaje de una serie de televisión diaria tipo «Amar es para siempre»? ¿Alguien que no ha tocado nunca una cámara o quien si? Solo alguien que trabaja en un plató de cine o televisión está capacitado para enseñar a un novato cómo manejarse en un rodaje. Q

Práctica lo que predica

Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

Reconoce sus errores

En mi vida he estudiado en muchas escuelas muy caras y también he estudiado Arte Dramático en centros oficiales, y siempre me he dado cuenta que los mejores profesores eran los que en un momento dado reconocían que se habían equivocado. Esto no suele suceder mucho, por desgracia, pero tiene mucho valor para mí al menos, porque me demuestra que un profesor ha priorizado mi enseñanza por encima de querer quedar bien.

Nadie es perfecto, eso lo tenemos todos muy claro. Entonces; ¿qué valor tiene seguir demostrando que es verdad algo que se puede demostrar que no?

El mito de la carrera individual

Hace tiempo me crucé por el centro de Madrid con un antiguo compañero de clase de cuando estudiaba en la capital. Mi compañero había sido el niño bonito de mi promoción y le habían contado todo el rato que en cuanto saliera de la escuela, le llovería el trabajo. Cual fue mi sorpresa que descubrí que a los cuatro años de acabar la carrera e intentar ser actor, cogió el petate y se volvió a su Badajoz natal. Y como él muchisima gente que se va a la capital con el cuento mal contado: Creen que llegarán a Madrid, se presentarán a castings, muchos le dirán que no, pero tarde o temprano se abrirá alguna puerta. Y pasa un año, y otro, y otro. Y no acceden a ni un solo casting, y de los representantes olvídate.
Es lo que yo llamo el mito de la carrera individual. La creencia de que si uno consigue sacar la cabeza y destacar, va a tener la carrera de Penelope Cruz y vivirá esperando en la terraza de una lujosa mansión de Hollywood mientras se amontonan los guiones de Scorssese, Coppola, etc. El problema es que la Cruz no ha esperado jamás sentada a que le llegue ningún trabajo y ha tenido siempre un equipo alrededor de ella, trabajando para conseguir los mejores resultados. El problema es que cuando un actor joven llega a Madrid, se da cuenta que hay 40mil actores mejor preparados-relacionados-instruidos y sobre todo aún más jóvenes. Y ese enorme maremagnum actoral te devora en apenas dos meses. Y no importa si has estudiado en una Esad, en una escuela famosa de 400 euros al mes o con el mejor coach del mundo mundial, ese que te cobra 1000 euros la hora. Sigues siendo un gran de arena en una playa kilométrica.

Llevo más de 20 años en la profesión y he visto este proceso de abandono creativo mil veces. Y siempre he sabido que gran parte de la responsabilidad recae en las escuelas. Porque una buena escuela te puede enseñar las mejores técnicas, la forma más eficaz de enfrentarte a un personaje, pero si en los programas educativos no se da empresariales, si no te enseñan como crear tu propia marca personal, si no te enseñan a crearte tu propio trabajo, de nada habrá servido el tiempo y el dinero invertido. Volverás a casa y tendrás que empezar de cero.

Casa Chejov Madrid no nació gracias a una subvención, ni a un holding empresarial que decidió alegremente invertir ese día en cultura. Ojalá ese hubiese sido el cuento. Pero no, fue el resultado de un grupo de alumnos que en su tercer año de formación quisieron llevar más allá la asignatura de producción y gestión cultural. Yo les lancé un reto, y ellos me aceptaron la idea. Y emprendieron su propio proyecto autofinanciado, y sostenido durante muchas doble jornadas de trabajo alimenticio y después trabajo en sala. Fuimos capaces de crear un equipo de trabajo muy válido, que empezó de manera lógica para ir afianzando la nueva empresa. Muchos días de lágrimas, enfados y gente que se fue perdiendo por el camino, dieron como resultado que Casa Chejov Sevilla tuviera una hermana en Madrid. Un gran cambio de paradigma nacía así. Empezábamos a construir un nuevo relato actoral: La carrera en equipo.
El siguiente paso dentro de la gestión cultural, una vez conseguido que la Sala Moscú (que así se llama en honor a Las tres hermanas de Chejov) fuese un referente cultural, fue crear su primera producción propia. Y para ello, el elegido para dirigirla fue el maravilloso Juan Mairena, autor de la alocada, crítica y poética Cerda. Y estas cosas maravillosas de Madrid, el primer día de ensayo apareció posiblemente una de las personas más generosas y noble que hayamos visto nunca. Juan encajó en nuestro ambiente y dirigió aquel loco gallinero con una delicadeza y un humor que no he visto en ningún director de escena más.

Se fueron dando los ensayos y aquello se volvió una locura feliz. Ensayos llenos de compromiso y risas, gente que trabajaba empujando un mismo carro y en una misma dirección. Y tan bonito fue todo que cuando se estrenó la obra llenaron el aforo varias veces. Y ese fue el verdadero principio de Casa Chejov Madrid. Cuando un montón de personas descubren de manera profunda todo lo que se puede alcanzar trabajando en equipo. Evitando así que te arrastre el maremágnum.

A lo mejor desde fuera, puede parece anecdótico todo esto que te cuento. Pero no es una anecdota, es el mito de la carrera en equipo que consigue que cinco personas convoquen a un autor, este acceda a dirigirlos, busquen a una diseñadora de vestuario, a una peluquera, a un diseñador web para la página de la obra, promocionen la obra y atraigan a muchísimo público. A lo mejor en un gran productor teatral seria algo poco reseñable. Pero hablamos de gente que en su momento rondaba los 21 años. Jamás verás a gente tan joven que abrir una sala. Gente que trabaja 40 horas en un restaurante y luego hace todas las gestiones pertinentes (y carismas), monte, pinte, decore, limpie, publicite, pague seguros, agua, luz, irpf, convoque a las compañías de teatro, diseñe la publicidad, maneje las redes sociales, haga la contabilidad, busque promotores, ayudas, etc. A lo mejor tú crees que es fácil, pero no lo es.

Por eso sé Casa Chejov Madrid va a llegar a ser muy grande, estoy seguro. Una de las salas alternativas de referencia de Madrid. Porque está dirigida por cinco personas que son auténticos luchadores, que en apenas un año de mucho trabajo duro están convirtiendo Chejov en un referente cultural, y que están creando una carrera a larga distancia a base de proyectos, acuerdos, montajes y autoproducción. Y estos, querido lector, son los que sí se acaban dedicando a esto.

Posdata: Querido Juan Mairena, gracias por aparecer en nuestra vida. Desde el primer ensayo, en Casa Chejov te queremos mucho. Y lo sabes. Ojalá todos fueran tan nobles como tú.

El paradigma de Háblame de la lluvia de Tenesse Williams

Siempre digo que en dramaturgia no es lo mismo pequeño que insustancial, ni que un texto teatral sea breve significa que no ofrezca cosas interesantes a un actor o actriz. «Háblame como la lluvia y déjame escuchar» ejemplifica esta máxima. Textos repetitivos, sin apenas sentido en muchos momentos, cierta sensación de aburrimiento existencial, personajes invisibles al borde de la desaparición, un texto aparentemente inocuo. Pero solo aparentemente, porque a modo chejoviano, en estos textos donde parece que no pasa nada, todo ocurre. Y donde parece que lo protagonizan personajes inservibles, encontramos al final personajes que nos representan a todos. Otra cosa bien distinta es que sean textos que permita la exhibición actoral.
Esta pieza es una de las muchas obras cortas que escribió el genio de Missisipi, con la particularidad de que está es posiblemente la menos conocida de todas.

En apenas cuatro páginas se nos presenta la relación de un hombre y una mujer que suponemos pareja y que a modo de crueldad becketiana miran para otro lado mientras su relación se está desmoronando. Y al mismo tiempo nada sucede. En las acotaciones hay una acción mínima («se acerca a la cama», «coje un vaso de agua», etc) y lo que si es bastante denso son unos diálogos que no avanzan, no progresan en ninguna dirección aparente, solo marchan en círculos.

Hace 11 años quise montar este texto teatral. Era bastante novato en la dirección, porque hasta ese entonces solo había montado de manera profesional cuatro trabajos, dos de ellos de formato breve. Pero el autor me ha gustado mucho siempre y como el texto es sencillo a nivel de producción, pensé que no me daría ninguna dificultad.

Me equivoqué.

Los actores que empezaron a trabajar los papeles adquirieron una serie de vicios que me fue muy difícil erradicar, más que nada porque el mismo texto lo facilitaba. Poca energía, no moverse en escena, estar monotemático emocionalmente, interpretar el texto de manera totalmente literal, etc. Una serie de «paradigmas» que luego he visto repetirse en muchas obras posteriores.

PARADIGMA 1: El teatro no es la vida.

Salvo en salas de teatro independiente donde el público está a menos de un metro, el espacio teatral se caracteriza por tener a la primera linea de público a dos metros de distancia y las últimas a más de 20. Estas distancias generan muchas obligaciones, y la primera es la de proyectar la voz y no hablar de un modo privado, como quien le habla a sus propios pies.
El teatro no funciona así, no es la vida real. Es un proceso comunicativo con un emisor y un receptor. Y si tus palabras no le llegan al último espectador, no estás comunicando. Así de simple.

Y es cierto que en el mismo texto dice «Susurra» o «Habla sin voz apenas» o cosas parecidas, pero si esas acciones no se proyectan, si no atraviesan los metros que te separan del público, no habrá servido de nada.

Siempre hay que ser fiel al texto en cuanto a las intenciones de la historia, pero no en cuanto al cómo. El personaje susurra, de acuerdo. Pero el actor se debe al público y debe susurrar teatralmente, con el volumen y la amplitud suficiente para que llene la sala.

O como me dijo un gran actor cuando vio el montaje: «El que está en la intimidad es el personaje, que él se comporte como tal. Pero tú no estás ahí, estás delante de 100 personas que han venido a ver tu historia, y te debes a ellos.»

Consejo:Así que por favor, habla alto, muy alto.

PARADIGMA 2: El movimiento

Hace dos años vi en el teatro Central de Sevilla la obra «La clausura del amor», donde un actor y una actriz finiquitaban una relación de pareja a lo largo de una hora y media dividida en dos monólogos de 45 minutos. Como en un cuadrilatero, ambos se colocaban en los extremos de la sala. Uno recibía los impactos del monólogo, mientras el otro u otra lanzaba improperios sin parar. Bien, pues ese montaje resultó muy agobiante para la concentración, a pesar de estar interpretado por dos bestias de la escena como Israel Elejalde y Barbala Lennie (sobresaliente cum laudem) porque apenas había estímulos sensoriales más allá de las palabras. Y de hecho, los dos siguientes montajes de su director y autor Pascal Rambert (Hermanas y Ensayo) ya si eran con mucho más movimiento.

Con esta obra de Williams pasa lo mismo. En las acotaciones se especifica que están muy cansados por la falta de alimento y que sus pasos son pocos y muy débiles. Por lo que los actores suelen interpretarlo literalmente y se pasan los 40 minutos que dura la obra sin moverse de donde están. ¿Resultado? Estamos haciendo radionovela. Puedes cerrar los ojos, que no perderas ninguna información relevante.

Si los actores creen que toda la fuerza está en el texto y no en la situación, se empeñarán en vivenciar los diálogos, ponerles mucha emoción, pero la falta de acción vuelve al montaje plomizo, insoportable. A nivel visual es imprescindible que sucedan cosas, aunque sean pequeñas, para así facilitarle la concentración al espectador.

CONSEJO 2: Muévete… ¡Siempre!

PARADIGMA 3: LA ENERGÍA

Una cosa que a todos los actores les cuesta entender es que una cosa es el personaje y otra muy distinta es el actor. El personaje pertenece a la realidad de la ficción, y puede tener las características que sean. Todo es posible en la ficción. En cambio el actor no puede trabajar de cualquier manera.

El personaje puede estar cansado, a punto de desmayarse del agotamiento, pero el actor tiene que tener una energía brillante y extrovertida, para que pueda llenar todo el teatro. Puedes jugar a interpretar el cansancio de uno de los personajes, pero corporalmente es imprescindible que tenga toda la energía del mundo para poder proyectar el movimiento y las acciones. Si no, si confunde los conceptos y deja que el cansancio coja todo su ser, la obra estará muerta en menos de un minuto. El ritmo se ralentizará hasta hacerse insostenible y el público se agobiará primero y desconectará después. Y ya la obra estará totalmente muerta.

Consejo: Sal a escena siempre lleno de energía.

PARADIGMA 4: EL VIAJE EMOCIONAL

El estatismo emocional fue otra manía que vi en ese montaje y que después se ha repetido en trabajos siguientes con textos parecidos. Los personaje empezaban tristes, continuaban tristes y acababan tristes. ¿Para que vas a ver un texto de una hora donde no sucede nada si con cinco minutos es más que suficiente?

Cuando señalé esto al principio de un ensayo, la respuesta fue: «Es lo que dice el texto». Y aquí podríamos discutir mucho, porque ahora que acabo de releer el texto antes de empezar a escribir, me doy cuenta que no es así para nada. En el texto no venía de manera explicita (ni implícita) ningún estado de ánimo. Solo se especifica el tema de la energía, pero nada de estar tristes, alegres o de otra forma. Por tanto, eran conjeturas de los actores. El problema no era la tristeza, si no que bajo ese prisma de «interpretar lo literal del texto» los personajes no hacían ningún viaje emocional, y por tanto no le eran nada interesantes a los demás.
En obras como Esperando a Godot (De las que «Háblame» bebe mucho) donde nada cambia y donde la situación tiene cierto sabor a circulo vicioso dantesco, es imprescindible que a lo personajes les pasen cosas a nivel interno, porque si no, se convierte en un espectáculo insufrible. Ver durante dos horas a un personaje que no hace nada porque no siente nada porque no le pasa nada se puede convertir en un trabajo condenado al fracaso.

CONSEJO: Permítete que tu personaje viaje emocionalmente.

Conclusiones

Está muy bien ser respetuoso con las palabras del autor, está muy bien ser un actor orgánico que interpreta con credibilidad, pero el teatro es COMUNICACIÓN. Y eso significa que tenemos que pensar en el cómo llega la historia al público. Si quieres que la obra impacte en el espectador o no.

De esos ensayos y otros muy parecidos saqué muchos más «lugares comunes» y «paradigmas», que ya compartiremos más adelante. Por ahora tenéis estos cuatro paradigmas que aprendí al montar un texto que me las prometía muy feliz y que sin embargo fue de los más difíciles que he trabajado.

Nos vemos en los escenarios.

Artículo escrito por Rubén Mayo.
https://www.rubenmayo.es