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El mito de la carrera individual

Hace tiempo me crucé por el centro de Madrid con un antiguo compañero de clase de cuando estudiaba en la capital. Mi compañero había sido el niño bonito de mi promoción y le habían contado todo el rato que en cuanto saliera de la escuela, le llovería el trabajo. Cual fue mi sorpresa que descubrí que a los cuatro años de acabar la carrera e intentar ser actor, cogió el petate y se volvió a su Badajoz natal. Y como él muchisima gente que se va a la capital con el cuento mal contado: Creen que llegarán a Madrid, se presentarán a castings, muchos le dirán que no, pero tarde o temprano se abrirá alguna puerta. Y pasa un año, y otro, y otro. Y no acceden a ni un solo casting, y de los representantes olvídate.
Es lo que yo llamo el mito de la carrera individual. La creencia de que si uno consigue sacar la cabeza y destacar, va a tener la carrera de Penelope Cruz y vivirá esperando en la terraza de una lujosa mansión de Hollywood mientras se amontonan los guiones de Scorssese, Coppola, etc. El problema es que la Cruz no ha esperado jamás sentada a que le llegue ningún trabajo y ha tenido siempre un equipo alrededor de ella, trabajando para conseguir los mejores resultados. El problema es que cuando un actor joven llega a Madrid, se da cuenta que hay 40mil actores mejor preparados-relacionados-instruidos y sobre todo aún más jóvenes. Y ese enorme maremagnum actoral te devora en apenas dos meses. Y no importa si has estudiado en una Esad, en una escuela famosa de 400 euros al mes o con el mejor coach del mundo mundial, ese que te cobra 1000 euros la hora. Sigues siendo un gran de arena en una playa kilométrica.

Llevo más de 20 años en la profesión y he visto este proceso de abandono creativo mil veces. Y siempre he sabido que gran parte de la responsabilidad recae en las escuelas. Porque una buena escuela te puede enseñar las mejores técnicas, la forma más eficaz de enfrentarte a un personaje, pero si en los programas educativos no se da empresariales, si no te enseñan como crear tu propia marca personal, si no te enseñan a crearte tu propio trabajo, de nada habrá servido el tiempo y el dinero invertido. Volverás a casa y tendrás que empezar de cero.

Casa Chejov Madrid no nació gracias a una subvención, ni a un holding empresarial que decidió alegremente invertir ese día en cultura. Ojalá ese hubiese sido el cuento. Pero no, fue el resultado de un grupo de alumnos que en su tercer año de formación quisieron llevar más allá la asignatura de producción y gestión cultural. Yo les lancé un reto, y ellos me aceptaron la idea. Y emprendieron su propio proyecto autofinanciado, y sostenido durante muchas doble jornadas de trabajo alimenticio y después trabajo en sala. Fuimos capaces de crear un equipo de trabajo muy válido, que empezó de manera lógica para ir afianzando la nueva empresa. Muchos días de lágrimas, enfados y gente que se fue perdiendo por el camino, dieron como resultado que Casa Chejov Sevilla tuviera una hermana en Madrid. Un gran cambio de paradigma nacía así. Empezábamos a construir un nuevo relato actoral: La carrera en equipo.
El siguiente paso dentro de la gestión cultural, una vez conseguido que la Sala Moscú (que así se llama en honor a Las tres hermanas de Chejov) fuese un referente cultural, fue crear su primera producción propia. Y para ello, el elegido para dirigirla fue el maravilloso Juan Mairena, autor de la alocada, crítica y poética Cerda. Y estas cosas maravillosas de Madrid, el primer día de ensayo apareció posiblemente una de las personas más generosas y noble que hayamos visto nunca. Juan encajó en nuestro ambiente y dirigió aquel loco gallinero con una delicadeza y un humor que no he visto en ningún director de escena más.

Se fueron dando los ensayos y aquello se volvió una locura feliz. Ensayos llenos de compromiso y risas, gente que trabajaba empujando un mismo carro y en una misma dirección. Y tan bonito fue todo que cuando se estrenó la obra llenaron el aforo varias veces. Y ese fue el verdadero principio de Casa Chejov Madrid. Cuando un montón de personas descubren de manera profunda todo lo que se puede alcanzar trabajando en equipo. Evitando así que te arrastre el maremágnum.

A lo mejor desde fuera, puede parece anecdótico todo esto que te cuento. Pero no es una anecdota, es el mito de la carrera en equipo que consigue que cinco personas convoquen a un autor, este acceda a dirigirlos, busquen a una diseñadora de vestuario, a una peluquera, a un diseñador web para la página de la obra, promocionen la obra y atraigan a muchísimo público. A lo mejor en un gran productor teatral seria algo poco reseñable. Pero hablamos de gente que en su momento rondaba los 21 años. Jamás verás a gente tan joven que abrir una sala. Gente que trabaja 40 horas en un restaurante y luego hace todas las gestiones pertinentes (y carismas), monte, pinte, decore, limpie, publicite, pague seguros, agua, luz, irpf, convoque a las compañías de teatro, diseñe la publicidad, maneje las redes sociales, haga la contabilidad, busque promotores, ayudas, etc. A lo mejor tú crees que es fácil, pero no lo es.

Por eso sé Casa Chejov Madrid va a llegar a ser muy grande, estoy seguro. Una de las salas alternativas de referencia de Madrid. Porque está dirigida por cinco personas que son auténticos luchadores, que en apenas un año de mucho trabajo duro están convirtiendo Chejov en un referente cultural, y que están creando una carrera a larga distancia a base de proyectos, acuerdos, montajes y autoproducción. Y estos, querido lector, son los que sí se acaban dedicando a esto.

Posdata: Querido Juan Mairena, gracias por aparecer en nuestra vida. Desde el primer ensayo, en Casa Chejov te queremos mucho. Y lo sabes. Ojalá todos fueran tan nobles como tú.