El mito del buen nadador

Este último año he estado dándole vueltas a por qué tantas personas fracasan en sus objetivos personales, laborales y empresariales. Personas buenas, talentosas y trabajadoras se encontraban una y otra vez volviendo a partir de cero, después de haberlo intentado todo con todas sus fuerzas. Y da lo mismo el área o trabajo en concreto: Esto lo veo en actores/actrices, productores teatrales, gestores culturales, etc. ¿Por qué hay gente exitosa y gente que fracasa continuamente?
Durante el confinamiento por el covid, al tener tanto tiempo libre, descubrí un elemento más. No es la idea la que fracasa, no es la empresa o el trabajo el que se va al traste, lo que falla siempre es la ejecución. Si hay actores que fracasan, otros en cambio tienen películas, premios goya, series de netflix Si hay productores que se van a la ruina, otros en cambio regentan festivales y tienen ganancias de más de 2 millones de euros al año. Por tanto, no fracasan las ideas en si, fracasan las formas de llevarla a cabo. 

En este proceso de análisis, me dio por hacer un estudio comparativo sobre casos concretos e intentar analizar por qué unos habían fracasado y otros no. Utilicé para ello la estrategia del “Design thinking”, para no partir de una hipótesis que contaminara la investigación: Que diferencias había entre los que alcanzan sus objetivos y viven con cierta calidad de vida y los que no.

Hace poco vi a Lola Indigo recoger un Disco de oro por su canción “4 besos” y emocionada dijo algo que me llamó mucho la atención y que resuena a lo largo de este artículo. Os pongo a continuación el video.

Siguiendo con la reflexión, otro día coincidió la publicación de videoclip “Tkkn” de Rosalía y en una entrevista, la cantante afirmaba que el tema hablaba del equipo (“Entourage” como ella lo llama) que siempre rodea al artista, la “familia” que trabaja para que el artista llegue lo más lejos posible. Y es aquí donde algo en mi cabeza hizo click: lo que en psicopedagogía llamamos el “insigh”.

Ese era el problema: El individualismo feroz de quienes no entienden que sin los demás, no llegamos a nigún lado.

La importancia del networking para l@s artistas

Conozco actores y actrices con mucho talento que están parados y otros, en cambio, que sin ser lo más de lo más, no paran de trabajar. La diferencia entre ambos radica en dos palabras mágicas: Autoproducción y networking.
De la autoproducción hablaré largo y tendido en otro artículo, pero hoy me quiero centrar en el networking, que no es otra cosa que la capacidad para establecer relaciones provechosas en el ámbito profesional. Lo que Stephen Covey llama un “Yo gano= tú ganas” aplicado a los negocios y el trabajo.
Toda la gente que ha triunfado en el ámbito cultural-artístico es porque ha sabido relacionarse con los demás y crear alianzas y pactos. De verdad, no hay más. Hay poco trabajo y somos muchos, y muchas veces, muy cualificados. ¿Cómo eliges si luego hay currículums impresionantes y personas muy válidas? Pues probablemente acabes eligiendo a la persona con la que sabes que la relación laboral va a ser más fructífera y agradable.

La gestion de equipos de trabajo

No solo lo digo yo: Lo dice Rosalía, Roko, Lola Índigo… Si consigues crear un equipo de trabajo que vaya en una sola dirección y que tenga autentica ilusión por el trabajo, estarás muy cerca de conseguir vuestras metas.

Ser empresario individual (y un artista es empresario de si mismo) sin contar con ayuda ni apoyo de nadie, sin saber crear estrategias y alianzas con otras personas, es estar abocado al fracaso más absoluto. Porque detrás de cualquier empresa cultural hay una cantidad de trabajo (burocrático, legal, preproducción, distribución, publicidad, etc) enorme, que una sola persona no puede realizar. Ya solo producir una obra de teatro, ensayarla, preparar los dosieres y materiales de venta, distribuirla, conseguir ventas y hacer la contabilidad, requeriría como mínimo de tres o cuatro personas.

Como el mito del buen nadador: Nos lanzamos mil personas a nadar de manera individual, intentando mantenernos a flote, seguir nadando, mientras empezamos a perder la energía, a hundirnos, etc. Miramos a los lados, y a los demás les pasa lo mismo: Intentan nadar pero se cansan, pierden la orientación, le empiezan a fallar las fuerzas, etc. Mil, dos mil, diez mil personas se lanzan al agua de la vida laboral/empresarial intentando no ahogarse en el camino. 
Todo se solucionaría de manera más rápida si el buen nadador le tendiera la mano al nadador que esta más cerca, y al otro y al de más allá. Acabar realizando una alianza de nadadores para mantenerse a flote entre todos y nadar en una sola dirección para que todos salgan ganando. Acabar formando un islote de nadadores en medio del Atlántico que les permitiera no solo sobrevivir, si no acabar triunfando. Porque al final todos buscamos lo mismo: Poder vivir de nuestro trabajo.

Entonces, si es tan fácil, ¿por qué la gente no lo hace? ¿Por qué la gente sigue creyendo que sola va a poder con todo?  

Hay muchas razones y no todas lógicas, pero la razón mayor es el miedo a que la alianza funcione mal y nos perjudique. Y es cierto, la cosa puede salir mal si no elijo bien y no pongo unas reglas y protocolos muy claros. Pero también me puede salir mal haciendo todo yo solo, y aún así la gente lo sigue haciendo así.
Por otro lado, crear un equipo, compañía, encontrar socios, etc. no es algo que se haga en una sola tarde. Frente a lo individual que en un primer momento puede ser más rápido, el crear un grupo de trabajo es algo muy laborioso porque requiere de un proceso de selección que cuanto más arduo y complejo, mejores resultados te dará. Y eso requiere su tiempo, un tiempo que no todo el mundo está dispuesto a gastar. Y que sin embargo, puede ser la mejor inversión de tiempo que puedas hacer.

Porque, básicamente, un grupo de personas con vocación y ganas de trabajar, orientadas hacia una misma meta, y comprometidas con su trabajo, es una fuerza motriz que no puede parar nada ni nadie. Y esto, amigos, es lo que olvida la gente continuamente.

error: Content is protected !!