fbpx

El teatro nos salvará

Si te dedicas al teatro, estoy seguro que mas de una vez te habrás enfrentado a una de las preguntas más temibles: ¿Que utilidad real tiene el teatro? ¿Sirve para algo más que para el goce estético? ¿O es un entrenimiento caro y vacuo?

La respuesta es no. El teatro no solo es importante. Es esencial para mejorar esta sociedad en la que estamos viviendo. Y si te interesa el tema, te invito a que sigas leyendo para que entiendas porqué creo que el teatro nos va a salvar.

¿Conoces esos preciosos faros situados cerca de los acantilados y que gracias a su luz sirven como guía y referencia de los barcos que están en el mar? Pues la conciencia humana funciona exactamente igual. Podemos ver con meridiana claridad todo aquello que sucede enfrente, mientras permanece en la más absoluta oscuridad aquello que sucede detrás de nosotr@s.

Siempre el lugar más oscuro de un faro, es el que permanece justo detrás de la bombilla.

Sigamos…

Guardo como oro en paño una conversación entre dos dramaturgos, el gaditano José Manuel mora y el gran Juan Mayorga que supuso para mi un punto de inflexión. En esa conversación hay ideas o frases que me parecen oro en paño, pero solo una frase concreta generó todo un revuelo en mi interior: «El teatro debe hacernos reconocer al fascista que llevamos dentro, al torturador, al violento y eso es políticamente útil y relevante. Sin embargo, si el teatro lo único que te presenta es una empatía con la víctima de todo eso se produce un deslizamiento inoperante.· (Link a la entrevista.) La metáfora del faro sigue vigente.

La historia de la narración, desde los mesopotámicos hasta la última película estrenada ayer en los cines, tienen siempre un punto en común: El viaje del héroe. O del mártir. El personaje al que le pasan las cosas malas e intenta luchar contra ellas y vencer.

Antígona contra Creonte, David contra Golliat, Medea contra Jasón, Hamlet contra el Rey de Dinamarca, Luke Skywalker contra Darth Vader, Harry Potter contra Voldemort. La tradición es amplia. Porque si hay algo que nos gusta a las personas, son los cuentos de buenos y malos. Porque necesitamos identificarnos con los personajes de las historias para crecer, y puestos a hacerlo, mejor hacerlo con los buenos. ¿No?

Que las historias SIEMPRE se cuenten desde el punto de vista del héroe o de la víctima, tienen un efecto curioso. Y es que como en el faro, seamos incapaces de ver qué le estamos haciendo nosotros a los demás. Como de activa es nuestra parte que afecta a los hechos.

¿Conoces mucha gente que sea capaz de reconocer sus errores cuando estos hacen daño a los demás? Yo conozco a muy pocas personas, apenas cuatro o cinco que son capaces de hacer eso. El resto solo saben decir siempre que el culpable de todo es el otro.

 

EJEMPLO 1

Hay un episodio de Black Mirror que me parece una autentica obra de arte. Creo que se llama «Himno nacional», en el cual una princesa es secuestrada. La única y delirante forma que tienen de que esta sea devuelta con vida, es que el primer ministro aparezca sodomizando a un cerdo por televisión en horario de máxima audiencia.  Y tu preguntarás, ¿y cual es la genialidad de un argumento así?

Dividida en dos bloques, en el segundo es cuando se realiza el famoso video de la sodomización animal transmitida por todas las cadenas con el siguiente resultado: Las calles están completamente vacias, porque todo el mundo esta video como un ministro penetra a un animal.

Lo fundamental del episodio no es la trama, no es el secuestro ni el video del cerdo, es la reaccion de la gente. Y es que la sociedad entera asiste morbosa a ver el sufrimiento de un ser humano que realiza algo vergonzoso a su pesar. En vez de apagar la tele, el video resulta ser de máxima audiencia.

Como decía Juan Mayorga, ¿qué sociedad avanza si sus integrantes siempre se ven como los héroes o las víctimas, pero jamás como los verdugos?

Ejemplo 2

Hace tres años se estreno la mundialmente famosa y polémica «Por trece razones» que ahondaba en el acoso escolar. En ella, una adolescente llamada Hannah Baker, enviaba trece cintas a las trece personas que pudiendo haberla ayudado, la empujaron al suicidio con el que comienza la serie. Lo sorprendente de todo esto es que cada uno de ellos se asusta al darse cuenta que sus acciones empujaron a una persona hacia un callejón sin salida. Todos vamos por la vida creyéndonos las Hannah Baker de todas las salsas, la superheroina de toda la narración, sin darnos cuenta que a lo mejor, solo a lo mejor, hemos sido el verdugo y no la victima.

 

«El tamaño de tu ego se puede medir por cómo manejas los errores que cometen los demás»
(David Fischman)

EJEMPLO 3

«Funny games» podría ser una película de terror cualquiera. Podrias ser la versión europea de «La Matanza de Texas», «Henry, retrato de un asesino», «Asesinos natos», etc.

¿El argumento? Dos chicos rubios, de aparente clase alta, y educación modélica, torturan durante un fin de semana a un matrimonio, su hijo y su perro. ¿Razón? Ni económica, ni social, nada. Solo el placer de hacer sufrir a otro ser humano.

El mazazo viene cuando a mitad de película, el protagonista mira a cámara y dice «Eh, tú, espectador. Disfruta de lo que está sucediendo. Esto es lo que tú estás deseando que pase».

Ya no es Saw, ya no es La noche de la Purga, ya no es una película donde disfrutar del dolor ajeno, de la violencia contemporánea. Funny Games es una obra de arte precisamente por esta frase, por esta forma magistral de hacernos responsables de la violencia de la pantalla.

Sin público que lo disfruta, no habría violencia en muchas situaciones de la vida (peleas de colegio, instituto, barrio, trabajo, etc). El problema no son los que se pelean, el problema está en quien lo consume.

La vida real...

El ser humano tiene una facilidad asombrosa para señalar al otro, pero totalmente incapaz de saber hacia donde señala su sombra. Somos lo mejores arreglándose la vida a nuestros amigos, diciéndole al otro como comportarse, viendo a leguas cuales son los fallos que comenten los demás. Todas estas tareas de ver la paja en el ojo ajeno y no percibir la viga en el propio es la que tiene a un planeta condenado a su propia destrucción.

Ese es el verdadero problema que subyace detrás de todos los problemas del mundo: Culparte a ti para liberarme yo. Enroscarme en mis razones. Dar

Y EL TEATRO…

En 1996 se estrenó en Nueva York una obra llamada «Seis grados de separación» que hablaba sobre la capacidad que tiene el ser humano de fagocitar la experiencia y a los seres humanos para así frivolizar y poder convertirlo en un chiste. Stockard Channing, la actriz protagonista, dijo que hacer esta obra supuso un auténtico aprendizaje vital, porque ella se había descubierto como persona en el personaje que interpretaba.

Para eso sirve el teatro, para aprender a ponernos en los zapatos del otro. Porque si el ser humano fuese capaz de poder sentir el dolor del otro, muchísimas cosas no sucederian.

 

En «Powder» hay una escena brillante. En un momento de la peli, un grupo de hombres mata a un ciervo solo por el placer de matar. El personaje protagonista, un muchacho que tiene poderes especiales, acaricia al ciervo moribundo mientras agarra por sorpresa la mano del cazador, que acto seguido empieza a sentir toda la agonía dolorosa del animal. 

Pasa de ser psicopático a empático, y se da cuenta que no va a poder cazar más, porque ha entendido el dolor del animal cazado.

 

El teatro nos salvará

Si te dedicas al teatro, estoy seguro que mas de una vez te habrás enfrentado a una de las preguntas más temibles: ¿Que utilidad real tiene el teatro? ¿Sirve para algo más que para el goce estético? ¿O es un entrenimiento caro y vacuo?

Proveedor del curso: Organization