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Poética de la dignidad rota

Hay personas que crean, y personas que repiten el camino que ya abrieron otros. Hay personas que miran donde no miró nadie y personas que se empeñan en llamar a la puerta que llama todo el mundo. Los primeros serán probablemente los que perduren en el noble pero duro camino del teatro. Los segundos, como no tengan mucha suerte, es probable que acaben desapareciendo. Selu Nieto y Esther Alonso pertenecen al primer grupo, el de los creadores.

Mientras muchos compañeros de generación se arruinaban haciendo mil cursos inservibles con agentes de casting, estos dos señores se reunía para investigar sobre una forma de entender la poética teatral. Frente a un teatro hiperestético, de actores y actrices guapos, donde se busca recrear seres bellos y heroicos, Teatro a la Plancha encontró su honestidad en los perdedores, con seres desdentados, malolientes, desheredados, sucios. Un montaje como «Los perros» parido a partir de mucha investigación, no albergaba en si mismo ni un solo atisbo de glamour o embellecimiento.

Y sin embargo, esa «fealdad» es la que más me ha enamorado a mi personalmente de su trabajo, la gran capacidad de devolverle la dignidad y belleza a todas aquellos seres. Como en un Chejov magnifico, vemos como las pequeñas almas también tienen derecho a la esperanza. Y esta capacidad de tratar con dignidad es honesta, sincera. No es un mero discurso populista, ni teatro-formula, ni siquiera corresponde a una decisión meramente estética (como el esperpento) Uno puede crear desde muchos lados, y Teatro a la Plancha crea desde un gran amor al ser humano.

Ayer pude asistir a un ensayo general de «Dolores», el ultimo montaje de Esther Alonso y Selu Nieto (Teatro a la Plancha)y pude constatar (de nuevo) el talento tan enorme que hay en estos dos grandes creadores. Un montaje que funciona como una metralleta, con miles de ideas y hallazgos por minuto, con un sentido del humor apabullante, y que sin embargo, no se queda en la superficie de la risa, si no que ahonda. A nivel argumental avanza como una flecha hacia el fin, evitando que se vuelva pesada o aburrida.

«Dolores» además consigue envolverte en un halo tierno y mágico desde el principio, y tiene todo tan bien urdido, que no te suelta hasta que cae el telón. Y durante el camino no puedes dejar de mirar con mucha ternura a esta Pepi y este Pepe, esta pareja artística que tocó los cielos pasados y que ahora se conforma con consumirse en el olvido, mientras los pocos sueños que quedan, van desapareciendo. Un viaje de más de una hora por la relación de pareja, por el amor al teatro y sobre todo por el amor a los sueños. Que una obra con tanta luz se llame «Dolores», no deja de ser irónico.

Quiero hacer mención especial a Esther Alonso, la mitad de la compañía, por la enorme dificultad que tiene su trabajo. Un personaje así sería casi un esperpento pasado de rosca en muchos actores, pero no en Esther. Ella compone un personaje precioso, un ser profundamente apasionado y profundamente dolido, alguien que aspira a la luz y se deshace en la oscuridad. Una interpretación capaz de hacerte reír a carcajadas, para acto seguido ser capaz de helarte la sonrisa. Un personaje lírico, poético, y a la vez muy cómico. SI el mundo fuese justo, Esther debería estar nominada a los premios de interpretación del próximo año, incluidos los nacionales.

Entrevista: http://www.escenariosdesevilla.org/la-ultima-boquea/

Video-entrevista: https://www.youtube.com/watch?v=x0omEvDOgQs