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Bullying y teatro durante el 2019

acoso escolar

¿Cómo puede el teatro ayudarnos con las secuelas del acoso escolar?

El acoso escolar lleva con nosotros casi desde que el mundo es mundo. En muchísimas ocasiones he podido escuchar el testimonio de personas de todas las edades relatando como sufrieron la violencia o el vacío de quienes debían haber sido sus compañeros de pupitre y amigos. Desde señores de más de 60 años que hablan de auténticas palizas, hasta niños de 8 años que han tenido que llevar a juicio los mensajes de burla recibidos en su whatsapp.

La diferencia, gracias a Dios, es que antes se entendía como cosas de niñ@s y ahora no. Desde hace aproximádamente unos 15 años, y siempre a partir del suicido de varios adolescentes que no aguantaron más, se generó una necesaria alarma social que obligó al gobierno a estudiar cómo prevenir o solucionar este tipo de conflicto. 

Aún así, la violencia física, psicológica y emocional en las aulas no solo no desaparece, si no que ha ido en aumento gracias a internet y a las redes sociales. Las estadisticas han crecido en los últimos años, y quitar asignaturas como Ciudadanía o Ética de la Eso no ha ayudado especialmente.

La buena noticia es que ahora todos los centros educativos deben tener por ley sus protocolos de actuación, y aunque  imperfectos, al menos funcionan la mayoría de las veces.El problema viene cuando el protocolo salta muy tarde, y el joven o la joven ha estado conviviendo con la hostilidad durante demasiado tiempo.

A mis alumnos siempre les pongo el mismo ejemplo para que entiendan la gravedad del acoso escolar:

–Imagínate que vas por la calle y alguien se para y te grita “hueles a mierda”. ¿Qué pensarias? Supongo que “Ese tipo es un imbecil por insultarme”.
–Imagínate que te dicen lo mismo (“Hueles a mierda”) diez personas. ¿Qué pensarias ahora?
-Imagínate ahora que durante cinco o diez años, la misma gente te dice “hueles a mierda”.¿Qué pensarías? Tú mismo creerías que hueles a mierda, sin que te lo dijera nadie.

Ese proceso que nombro en el diálogo anterior se llama en psicología “introyecto” que tiene que ver con toda aquella información sobre mí que doy por verdadera sin haberla evaluado ni reexaminado. Como me la han dicho tantas veces, ya doy por hecho que es verdad. Y doy por hecho que el acoso sucede porque me lo merezco. Aunque me pelee, aunque me enfade, internamente el acosado acaba siempre creyendo que los demás tenían razón. Y en el momento que alguien piensa así, empiezan de verdad los problemas. Un niño o niña que piensa así, que no detecta la injusticia del trato, se somete a la voluntad de los demás y se vuelve pasiva a su propia violencia.

¿Deja secuelas el bullying?

Sí, varias. Es muy común en varias personas desarrollar caracteres histriónicos y excesivos. Personas que hablan alto, gesticulan mucho y se muestran de manera apasionada, como el famoso Mago de Oz, que se muestra magnánimo ante los demás para así poder tapar a un hombrecillo pequeño y asustado. Estas personas desarrollan un personaje social, un alter ego triunfador y carismático que les facilita ocultar a su niño interior herido.

Otras personas entran en la edad adulta con una falsa apatía por la vida. A simple vista podrían pasar por gente perezosa, pero en realidad lo que esconden es una profunda tristeza. Cuando uno convive durante mucho tiempo con el fracaso social y lo interioriza ,acaba desensibilizandose de su propio cuerpo, personas que precisamente no derrochan energía porque en su fuero interno piensan “¿Para qué?” ¿Para qué voy a arreglarme (por ejemplo) si no le importa a nadie?”.

¿Conoces a ese tipo de persona que parece que siempre va a ocurrir una tragedia sin que pase nada? Seguro que sí, porque es otra de las secuelas más comunes: El temblor. Personas que tiemblan en cuanto entran en contacto con otro ser humano. Cualquier interacción es recibida con angustia y con ganas a que se acabe. Está secuela está provocada por la sensación de indefensión que produce muchas veces el bullying, sobre todo cuando ha sucedido a edades muy tempradas. Este tipo de persona llega un momento en su vida, que agachan la cabeza, miran al suelo y entran en bucle.

¿Puede el teatro ayudarme?

Sí, de muchas maneras.

Las actividades artísticas que son compartidas con un público, si son hechas con el corazón, cumplen siempre dos funciones: La expresiva y la comprensiva.

La función expresiva: Hacer teatro es la excusa perfecta para poder usar nuestra voz, nuestro cuerpo y nuestras emociones para expresar algo que llevamos dentro y liberarnos. Frente a otro tipo de eventos más racionales, el teatro posee una coyuntura cultural que no solo acepta, si no que exige del actor que sea sensible y sincero. Expresar viene del latín y significa etimológicamente «Sacar fuera» y funciona casi como sinónimo de «expulsar», y hacerlo, usar el cuerpo para contar nuestra propia historia (u otras semejantes) nos ayuda a liberarnos del peso de nuestra memoria.

La función comprensiva: El teatro es básicamente un grupo de personas compartiendo una historia. A un lado actores, al otro espectadores. Pero ambos se relacionan emocionalmente con lo que se cuenta. Y esa historia que se comparte, permite tanto al actor como al espectador que haga un viaje personal a través de su propia biografía. Ver la historia de los otros y entender que son iguales, que han pasado por lo mismo que yo, es probablemente lo que más sana. Si encima el alumno comparte su historia de manera creativa, poética y artística, conseguirá que el mensaje se eleve aún más y sea más poderoso, consiguiendo así un efecto espectacular.

El teatro además ayuda en otros tres aspectos que aunque secundarios, son dignos de contar:

Trabajar en una obra de teatro obliga al alumno a entender cómo funciona un personaje, cómo es un ser humano a nivel psicológico. Ese conocimiento si lo unimos al juego con roles, arquetipos y caracteres comunes (por ejemplo, los personajes de la Comedia del Arte) ayuda al alumno a entenderse mejor y por tanto a poder trabajar consigo mismo y con el entorno.

Otro aspecto tiene que ver con el sentido lúdico del juego. Frente a otros ocios que tienen un carácter competitivo (lo que llamamos un Yo gano-tú pierdes), el teatro te obliga a trabajar en equipo, a jugar en equipo para un bien común. Si hay buenos maestros, en el teatro ganamos todos. Y eso es maravilloso. La posibilidad de jugar con alegría, de desarrollar el humor, la risa, etc, permite al alumno observar la realidad desde un punto de vista mucho más sano y constructivo.

Y el último aspecto que quiero nombrar, y que hemos mencionado en los dos párrafos anteriores, es que el teatro te facilita el encuentro con otros iguales a ti. La excusa cultural . Y para una persona que ha vivido durante años el rechazo, que ya lo da por hecho el acoso escolar, encontrarse con gente que le aprecia y que quiere estar con él o ella, es un punto y a parte.

En Casa Chejov hemos creado un taller de práctica teatral de tres días totalmente gratuito.

El taller estará estructurado en dos bloques: Teoría y práctica.

#Bloque teórico:
Entrega de cuadernillos pedagógicos
Conocimientos básicos de psicopedagogía.
El carácter humano.
Análisis de la vergüenza social.
Análisis de la culpa.

#Bloque práctico:
El juego teatral aplicado a la vida.
Los juegos de roles.
La escucha total y la focalización.
Trabajar en equipo.
Técnicas de risoterapia e improvisación,

Y por último, tenemos un cierre del taller, donde nos sentaremos en grupo y compartiremos cómo ha sido la experiencia.

Este taller estará coordinado por Rubén Mayo (Ver currículum.)

¿Estás interesado y quieres reservar una de las 15 plazas que vamos a lanzar? Pues entra en el siguiente enlace y apúntate.

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